LA HERENCIA DE MATILDE ARCANGEL PDF

Y es que nunca quiso dejarle esa herencia al hijo que, como ya les dije, era mi ahijado. Al fin y al cabo tenemos toda la vida por delante. Porque por ese tiempo, antes de que desapareciera, Matilde era una muchachita que se filtraba como el agua entre todos nosotros. Se puso, bonita la muchacha, lo que sea de cada quien. Ustedes saben, uno es arriero.

Author:Akinojinn Kajitaur
Country:Georgia
Language:English (Spanish)
Genre:Politics
Published (Last):2 April 2011
Pages:153
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ISBN:217-4-36443-582-5
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Y es que nunca quiso dejarle esa herencia al hijo que, como ya les dije, era mi ahijado. Al fin y al cabo tenemos toda la vida por delante. Porque por ese tiempo, antes de que desapareciera, Matilde era una muchachita que se filtraba como el agua entre todos nosotros. Se puso, bonita la muchacha, lo que sea de cada quien.

Ustedes saben, uno es arriero. Por puro gusto. Por platicar con uno mismo, mientras se anda en los caminos. Justificaciones nunca me faltaron. Tuvo un hijo. Pero ya para entonces no era de nosotros. Ya les dije que estaba empapada en agua. La enterramos. Da unos berridos que hasta uno se espanta.

Y era de eso de lo que yo les estaba platicando desde el principio. El Euremio se dio a la bebida. En cambio el padre iba para abajo con el paso del tiempo. Yo los procuraba poco. Coamileros, saben ustedes: unos fulanos que se pasan parte de su vida arrendados en las laderas de los montes, y que si bajan a los pueblos es en procura de algo o porque algo les preocupa. Algunos pensamos que tal vez hubieran agarrado otro camino. Dieron las nueve y las diez en el reloj de la iglesia.

Luego el trote de caballos. Se siguieron de largo. Y a poco rato, vi venir a mi ahijado Euremio montado en el caballo de mi compadre Euremio Cedillo. Juan Rulfo.

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pdf Una lectura de "La herencia de Matilde Arcángel"

L,a herencia A partir de este fortuito suceso, se instaura el sentido de la culpa. La chingada, la hembra, la pasividad pura, inerme ante el exterior. No se hablaban ni se miraban En La herencia Pero, junto a la subjetividad del discurso, opera la objetividad del relato.

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Juan Rulfo (México, 1918-1986) La herencia de Matilde Arcángel (El Llano en llamas, 1953)

Y es que nunca quiso dejarle esa herencia al hijo que, como ya les dije, era mi ahijado. Al fin y al cabo tenemos toda la vida por delante. Porque por ese tiempo, antes de que desapareciera, Matilde era una muchachita que se filtraba como el agua entre todos nosotros. Se puso, bonita la muchacha, lo que sea de cada quien. Ustedes saben, uno es arriero. Por puro gusto.

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